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Sangre de la Tierra

Una visita inesperada

Desde las almenas del castillo se podían ver varios jinetes acercándose al galope. El soldado que estaba de guardia en ese momento contempló cómo se acercaban hasta la orilla del lago y paraban. Eran un total de cinco jinetes. Pero en la barca únicamente subió uno. El soldado hizo un gesto hacia uno de sus compañeros para indicarle que llegaba alguien.

Abrieron las puertas para dejarle pasar. Se dirigió con paso rápido hacia el interior del castillo. Su capa ondeó dejando ver unos ropajes oscuros bajo ella. Los pasos resonaron con ecos por entre los pasillos únicamente iluminados por antorchas.

Llegó a una puerta doble, maciza, con el escudo condal labrado en ella. Unas manos blancas surgieron de entre los pliegues de la capa para abrirla. La luz iluminó el pasillo mientras la figura entraba sin esperar, aunque volvió a quedar en penumbra cuando la puerta se cerró de golpe.

La sala era amplia, iluminada por grandes ventanales, a lado y lado se veían armas colgadas de las paredes. En el centro de ella, dos figuras bailaban la danza de la muerte. Sólo se escuchaba el entrechocar de las espadas. Verdaderamente, ese espectáculo pocos ojos lo habían contemplado. Pilfer Heidrun, Conde de Primion y Rodik de Laurendal cruzando sus espadas una y otra vez. Al escuchar el golpe, Rodik hincó la rodilla en el suelo, jadeante, con su espada levantada, evitando un tajo fatal.

-Ya basta por hoy, Rodik- la voz del Conde resonó en toda la sala mirando hacia la puerta.
Gil Galen Debalass avanzó mientras echaba la capucha hacia atrás y apartaba de su rostro el velo que hasta ese momento lo había ocultado.
-Algo gordo tiene que haber pasado para presentarte tú misma aquí, Gil Galen “ dijo el conde mientras envainaba la espada.

La baronesa le miró directamente.
-Si- respondió mientras de sus ropajes sacaba un pergamino- Esto llegó hace apenas unos días a mi castillo.

El Conde cogió el pergamino y lo desenrolló para leerlo. Mientras lo hacía, la baronesa esperó, apenas disimulando su nerviosismo.
Lord Heidrun, finalmente, levantó la mirada del pergamino y lo enrolló.
-¿Y de que te extraña? “preguntó aceptando la tela que le ofrecía Rodik para secarse la cara.
-¡Maldita sea! ¡Querrán nuestro apoyo para la guerra! “Gil Galen paseó por la sala hasta llegar a la pared, donde se giró, mirando al Conde - ¿De verdad queréis entrar en otra guerra? ¿En una guerra civil? ¿Hermano contra hermano luchando por algo que es simplemente una leyenda? Me han llegado noticias de mi sobrina; en Dolira la revuelta se extiende cada día más...
-Lo sé, Sigfrido Sadagares me envió una carta.
-La Iglesia quiere apoyo, apoyo a favor del Rey ¿por qué si no han esperado tanto? ¿Se lo váis a dar? ¿Les daréis esto también?
El silencio del conde resonó por toda la sala.

Gil-Galen se acercó al Conde de Primion hasta quedar a pocos centímetros, sin dejar de mirarle a la cara.
-¿Se lo darás, Pilfer? “preguntó de nuevo.
-¡Maldita sea! “ El grito del Conde no amilanó a la Baronesa “ El ejército imperial se ha adueñado de parte de mis territorios del norte. Sigfrido me pide ayuda en Dolira, los emisarios del Duque me exigen lealtad, al igual que los emisarios del Príncipe... y ahora.... ahora la Iglesia de los Cuatro Puntos Cardinales también me presiona para que apoye al Rey. ¿Me dejo algo?
-El ejercito está al borde de la rebelión... “ la voz de Rodik se escuchó alta y clara “ La mejoría de la economía del condado no es suficiente para pagarles a todos, y llevan así dos años. Los rumores de la maldición siguen vivos después de tantos meses. Eso no ayuda nada. ¿Sigo?
Pilfer hizo un gesto negativo con la mano.
-¿Ves? Todos estos tejemanejes políticos a ti te encantan, pero yo no los soporto...
-¡Es vuestro deber! “Gil-Galen levantó un dedo señalándolo acusadoramente -¡Es vuestro maldito deber! ¡Sois el Conde!

Justo en ese momento, las puertas de la sala se abrieron, dando paso a un hombre ni demasiado joven ni demasiado viejo.
-Mi señor¦- sus palabras se ahogaron al ver a la baronesa.
Á‰sta, al escuchar a Drell, bajó la mano y volvió a cubrir su rostro con el velo, dando un paso atrás.

Drell carraspeó ruidosamente.
-Mi señor, -repitió “ venía a informaros de la llegada de la baronesa de Tuksania, pero “agregó mirándola “ ya veo que estáis informado de ello.
-Sí. Y con la amabilidad que la caracteriza me ha informado de que próximamente tendrá una visita de Su Ilustrísima el Arzobispo Edelmann.
-Su Ilustrísima aquí¦ -murmuró Drell. - ¿Cuándo?
-Más o menos para la fiesta de la Uva en mi baronía “ se adelantó Gil Galen, sin siquiera mirar al Conde, el cual frunció ligeramente el entrecejo.
-Supongo que la Baronesa querrá refrescarse y cambiarse de ropas “ Lord Heidrun cambió de tema rápidamente.
Gil Galen miró su capa sucia de polvo y barro y suspiró.
-Sí.
-Drell, asígnale una habitación. Baronesa, seguiremos nuestra interesante charla en la cena.

La Baronesa de Tuksania escondió su enfado con el velo mientras hacía una reverencia.
-Mi señor Conde. “ Miró a Rodik “ Rodik¦ - Seguidamente se giró hacia las puertas, esperando que el consejero del Conde las abriera, lo que éste hizo raudo. Dio dos pasos, se paró. Volvió a suspirar. “ Sí, claro “dijo como para sí misma, pero para que la escucharan todos “ Esta noche seguiremos hablando. Y salió de la sala de armas.

-Ummmmmmmm- Rodik habló una vez estuvieron solos “ Esto son más problemas.

FIN

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