Rumores

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La Maldición de las Cenizas

El Regalo

- Como lo oís, mis queridos camaradas, tan cierto como que es cerveza lo que estamos bebiendo - siseaba el encapuchado a dos fornidos caballeros acorazados.

- Esta cerveza sabe a meados de vaca y sospecho que esa es su verdadera naturaleza - comentaba socarrón el guerrero más alto y delgado, que agitaba distraídamente la espuma aguada de su jarra con su sucio índice.

- Tu historia es tan poco probable como que tu nombre sea Rakish, ¿verdad? ¿Rakish? - gruñía su barbudo compañero como un perro rabioso.

- Tengo buenas fuentes, y eso es todo lo que necesitáis saber - alardeó el encapuchado mientras se mecía su fina y recortada barba.

- No te hagas el listo con nosotros. Conocemos bien las artimañas de todos los que salís de ese pozo de mentiras, Gran Magister, y eso que dices es demasiado grande como para hablar a la ligera - rugió el caballero de barba negra golpeando la mesa con su puño de acero volcando parte de la bebida.

- Oh venga, Grosh, no me sobra dinero para otra jarra, así que templa tus nervios. Pero no te lo voy a negar, ¿Sir Saulk postrado ante Zerika y jurándole lealtad al Imperio? El Señor Dragón no se arrodilla ante nadie - se mofó el más alto mientras lamía el líquido derramado por la mesa.

- No sé si fue ante la mismísima Emperatriz, pero el juramento si se ha pronunciado y le llevó un regalo: las cabezas de esos malnacidos nigromantes y la de la Reina Glaurg en dos cofres de plata con cierres de latón - aseguraba Rakish con la confianza del que lleva la razón.

- ¡Que me corten los tendones! Eso no va a gustar a los pieles verdes - ladró entre risas Sir Grosh dándose tal golpe en el pecho que hizo retumbar la coraza-, pero ellos me gustan menos a mí, así que bien hecho.

- Posiblemente, pero - esta vez el encapuchado bajó la voz hasta un tono casi inaudible-, si queréis que os sea sincero, yo creo que Glaurg está tan viva como vosotros dos y yo mismo.

- Eso es mucho decir en un lugar como éste, donde ni los muertos pueden descansar en sus tumbas... - bufó el rudo caballero masticando las palabras.

- Prosigue con tu historia Magister Rakish - instó al encapuchado el delgado y alto caballero que parecía haber recuperado el interés sobre el extraño hombrecillo.

- Como deseéis, Lord Hantak. Sea como sea, el Chambelán Imperial, que parecía bastante ofendido con nuestros presentes preguntó directamente al Señor Dragón que qué creía que debía hacer la Emperatriz con semejante regalo. Y Sir Saulk les respondíó¦

- Espera un momento, hay algo que no me cuadra en todo esto¦ ¿Sir Saulk en persona? ¿Me estás diciendo que aquella criatura que arrojaba bocanadas de fuego por sus fauces de medio-dragón y carbonizaba a los cadáveres de La Noche se personó en el Palacio de la Emperatriz y no intentaron acabar con él? “ alzó la voz Sir Hantak que no cabía en sí de asombro.

- Mmm, eso es parte del misterio que tiene tan intrigados a los míos. Veréis, no sabemos cómo, pero Sir Saulk llegó a la Corte Imperial con su cuerpo humano, sin las deformidades de aquella maldición que le tuvo postrado durante aquel año negro, sin su majestuosa forma de medio-dragón que atemoriza tanto a nuestros enemigos “ respondió confidente el Gran Magíster.

- ¿Entonces Sir Saulk está curado? ¿El general vuelve a dirigir a su hueste? “ rugió Sir Grosh levantándose de su silla de un salto.

- No lo sé. Supongo que podríamos decir que sí¦ - respondió inseguro Rakish, mientras pedía una nueva ronda al tabernero con una señal de la mano.

El viejo tabernero llenó las jarras de aquella espesa cerveza negra y se dispuso a llevar las consumiciones a la mesa del reservado donde aquellos tres clientes le habían pagado con un buen saco de reales.

- ¿Quiénes nos has dicho que iban en la comitiva de Sir Saulk? “ solicitó Sir Hantak bajando la voz a medida que el tabernero se acercaba con la cerveza.

- Sir Gruy, el Caballero Negro, Sir Gonnar Mataogros, dos orcos¦ creo que se llamaban AmÁ´g y Nograk, el nuevo Maestre de la Ley, El Caballero del Cuervo¦ “ iba nombrando el Magíster de memoria cuando se vio interrumpido por la voz aguda del tabernero que parecía paralizado por el pánico.

- ¡Señores! ¡Les rogaría que no hablaran de un hombre como ése en mi local! ¡Es de mal agüero! ¡No sé si conocerán la mitad de historias que cuentan de él, pero para mi han sido suficientes como para no conciliar el sueño desde hace semanas! “ vociferaba el tembloroso y ladino dueño del establecimiento mientras dejaba las jarras sobre la mesa con tal estrépito que vertió la mitad de su contenido.

El revés de Sir Grosh le hizo volar un par de metros antes de estrellarse contra la barra y dejarle casi noqueado. Una serie de cortes en la mejilla dejaban constancia de dónde se había clavado el metal del guantelete en la carne de aquel desgraciado.

- ¡Ni la mitad de lo que te puedo hacer yo si no aprendes a meterte donde no te llaman! Aunque pensándolo mejor, quizás podría comentarle a mi buen amigo el Caballero del Cuervo tu buena opinión sobre él, me han dicho que le gusta alimentar a sus pájaros con los ojos de los delincuentes de su región, pero puede que haga una excepción contigo¦ - rugía el barbudo caballero con la cara enrojecida de furia.

- ¡Siéntate, maldito maleducado! “ ordenó Sir Hantak al peludo thalesiano mientras señalaba la silla que había quedado vacía “ Y tú, tráenos otras tres cervezas y quizás con un par de reales más podamos olvidar este incidente sin vaciar ninguna de nuestras cuencas¦ - finalizó fríamente el alto caballero de armadura negra.

Rakish continuó con su recuento como si nada hubiera pasado, pero el último nombre lo dijo en apenas un susurro - ¦ y Noctufer.

- ¿Cómo? ¿Ese niño también? Que los diablos se lo lleven a él y a la zorra de su madre, no hay quien vaya a misa sin que uno de los arcontes saque su nombre en el sermón “ escupió Sir Grosh malhumorado “ Hasta a mi me pone los pelos de punta. Apenas tiene un año de edad y ya aparenta doce, ¿es que sólo yo me doy cuenta de que es el hijo del mismísimo Diablo?

- Mide tus palabras, camarada “ le espetó el Gran Magíster con su sonrisa de rata “ nunca se sabe si algún día tendrás que jurarle lealtad. Tengo entendido que Sir Saulk ve en él un firme candidato para dirigir a su hueste cuando llegue el momento, y El Cuervo no le deja sólo ni a sol ni a sombra. Por algo será.

- No tengo toda la noche para discusiones filosóficas, termina tu historia cuanto antes, tenemos que volver a la fortaleza antes de la medianoche. “ le apremió Sir Hantak mientras apuraba la cerveza que quedaba en su jarra.

- Cierto. Casi pierdo el hilo de todo esto. Pues como os decía, el Señor Dragón respondió al chambelán que deseaba el favor de la Emperatriz, que para él sería un honor proclamar Tierra Negra como parte de su glorioso Imperio. Rogó a Zerika que le otorgase su gracia y juró por la sangre que corría por sus venas que la paz reinaría en el norte de nuevo.

Sir Grosh emitió un breve bufido pero dejó a Rakish continuar con su relato.

- En ese momento el Duque Orrick levantó la voz por encima de todos los demás y preguntó a voz en grito que con qué derecho reclamaba el Señor Dragón las tierras más allá del muro de Orthen, al norte de Copomar. La respuesta de Blaugir fue rápida y tan afilada como el filo de una navaja: œPor derecho de sangre, dijo, œMi sangre lleva muchos años sirviendo al Imperio, pues no es otra que la del mismísimo Príncipe Galier.

El silencio se propagó por toda la habitación y tan sólo se podía escuchar los ladridos de los perros del exterior.

- ¿Es¦? ¿Eso es cierto? “ preguntó Sir Hantak sin dar crédito a lo que habían escuchado sus oídos.

- Es un hecho contrastado, interceptamos un mensaje en Naia, un mensaje de Galier a un destinatario que aún desconocemos, pero donde el Príncipe se lamentaba de que su hermano Saulk aún no hubiera caído como le había prometido el otro “ siseaba el Gran Magíster, mientras miraba a un lado y otro de la sala - Es decir, que ese perro al que se dirigía el Príncipe de Kendoria es el responsable de lo que le ocurrió a Sir Saulk en Heigar.

- Al fin la comadreja sale de su escondite “ dijo Sir Hantak lamiéndose los labios.

- Te puedes imaginar en qué estamos metidos hasta el cuello en estos días “ les comunicó Rakish a los dos caballeros mientras esbozaba su afilada sonrisa “ Los altos mandos del Imperio sólo nos han puesto una condición para que seamos aceptados: Tierra Negra debe poner fin a su guerra civil cuanto antes. Por lo visto un Emisario Imperial será movilizado a la zona para estudiar nuestra situación.

- Espero que ese emisario sea tan longevo como la Emperatriz, porque tenemos lucha para siglos “ gruñó el Sir Grosh con hosquedad.

- Bueno, nuestro Imperio no sólo quiere la paz en Tierra Negra, también quiere un regalo “ sentenció el Gran Magíster ampliando aún más su sonrisa.

- ¿Y se puede saber qué regalo es ese? “ inquirió Sir Hantak, devolviéndole la sonrisa.

- La cabeza de la comadreja¦

Los Señores Oscuros

La oscuridad de aquella cripta bailaba al huir de las temblorosas llamas de las antorchas circundantes. Seis figuras cubiertas por raídas túnicas del color de la noche se reunían en torno a una gran mesa, cuyos cautivadores y siniestros dibujos no se podían percibir
con claridad. El ceremonioso silencio fue roto por una noticia que casi todos habrían deseado no escuchar.

- El Dragón ha jurado a los pies del Fénix.

No hubo murmullos, aunque los corazones que aún latían se arrugaron de temor. Por fin uno de ellos se atrevió a responder.

- En ese caso todo está perdido. Tierra Negra ya nos ha sido totalmente arrebatada. El Dragón ha vencido. Tan solo es cuestión de tiempo.

- Pero aún dominamos el inmenso Bosque de la Vida, y con él más de la mitad de la extensión de Tierra Negra. Es tan nuestra como suya. “ respondió el tercer encapuchado.

- No obstante no podemos salir de él, al igual que las huestes del Dragón no pueden entrar. Hace meses se estableció un equilibrio, una frontera, delimitada por la linde del bosque. Pero la jugada del Dragón romperá ese equilibrio. “replicó el segundo encapuchado. “ Nuestras líneas no resistirán el fuego del Fénix. Menos aún dentro del bosque, donde tenemos más enemigos que aliados. Los orcos han hecho de él su hogar, y los thalesianos nunca lo abandonaron completamente. La guerra llega a su fin, hermanos.

El resignado asentimiento de los presentes vino en forma de silencio. Tras varios eternos segundos, uno de los Señores Oscuros se incorporó de su sillón de ébano plantando sonoramente sus manos sobre la mesa.

- ¡Entonces, la única salida es negociar!

Nadie respondió.

- ¡Nuestro poder era capaz de mantener a raya a las huestes del Dragón, pero la furia del Fénix nos devorará entre sus llamas de color púrpura! “prosiguió el nigromante. “Aprovechemos nuestra posición para negociar mientras estemos a tiempo. Gracias a "él"
hemos obtenido tierras, gloria y poder, y yo me niego a perderlo todo.

- Quizás si se le pidiésemos de nuevo ayuda¦ “ planteó otro de los Señores
Oscuros.

- Sería difícil, dada su posición. Todas las miradas se volverían hacia "él". Además, probablemente el Dragón ya trate de ir por su cabeza.

- Estoy de acuerdo, hay que negociar. “intervino el portador de la noticia.

- Mandemos pues las correspondientes misivas. Si la negociación se realiza al amparo del Imperio, jugando al mismo juego que el Dragón, podremos salir de esta.

- Entonces, decidámoslo de manera firme. Tres de nosotros ya estamos de acuerdo. Hablad todos.

Tras un breve silencio, los demás nigromantes expresaron su opinión.

- No estoy del todo de acuerdo con vuestra visión fatalista de nuestra situación, aunque admito que parece ser la única salida a largo plazo. Voto pues a favor, aunque me duela en el orgullo.

El siguiente de ellos habló también.

- Yo opino que nuestras fuerzas no están por debajo de las del Dragón, sino todo lo contrario. Aunque el Fénix¦

- ¿Qué decides pues?

- ¦voto a favor.

- Bien, de acuerdo, eso hacen cinco a favor. “el nigromante encapuchado esperó la palabra del último de ellos, mientras todos dirigían su mirada hacia Kalak, quien ni siquiera había torcido el gesto durante la reunión y cuyos labios permanecían sellados.

- Kalak, no guardes más silencio. Acepta ya y no perdamos más el tiempo.

Los huesudos dedos del nigromante empezaron a tabalear de manera siniestra sobre el brazo del sillón de ébano. Acto seguido, y con gesto parsimonioso, sacó de entre sus ropas dos negros guantes de piel. Con suavidad y elegancia deslizó sus manos dentro de los guantes, primero el izquierdo, seguido del derecho. Tras la pausa, habló con voz de ultratumba.

- Necios¦

Los cinco clavaron su mirada en los afilados rasgos del brujo.

- Necios y cobardes¦ ¿Por qué lucháis contra el tiempo? Á‰l es vuestro mayor aliado. El tiempo hace que los heridos se desangren, contraigan infecciones y mueran. El tiempo marchita a los vivos hasta que su aliento se extingue. El tiempo hace que hasta el más terrible de los incendios se sofoque. El tiempo traerá al ejército del Dragón y su nuevo señor el Fénix a nuestras impenetrables puertas. Allí lucharán, y aunque los nuestros caigan, de nuevo se alzarán. Con cada muerte del enemigo nuestra fuerza se hará mayor. Mirad por una vez a vuestro alrededor. Incluso dentro del bosque, donde los thalesianos y los orcos sobreviven, hay luchas. Agradezcamos al Dragón el haber exterminado a la Reina Bruja, pues de esta manera las rivalidades de los orcos nos entregan más cadáveres para la guerra. El tiempo es nuestro aliado, eterno e infinito. No habrá
negociación.

- Olvidas que algunos de nosotros aún estamos vivos, Kalak, no como tú. La perspectiva de la eternidad te aleja de la realidad y nubla tu juicio. Sin el apoyo del Fénix ni el de "él", no aguantaremos todo el tiempo que tú alabas. Caeremos sin remedio.

Kalak se levantó muy lentamente de su trono, incorporándose con la dificultad de un cuerpo roto y muerto.

- El tiempo que alabo me dará la razón, hermanos. "Á‰l" nos entregó un Dragón enjaulado. Vuestro juicio, cegado por el caramelo prohibido que saboreabais en vuestra falsa gloria de carceleros, permitió que escapase y emprendiese el vuelo junto al Fénix. Teméis las llamas de su ira vengadora. Sobre vosotros descargará su furia, y después irá tras nuestro benefactor. “El nigromante encaminó sus pasos hacia la salida de la cripta, mientras el creciente eco de las estancias no hacía sino incrementar la contundencia de sus palabras.

- Pero cuanto mayor es el fuego, antes lo devora y consume todo, precipitándose su extinción.

La figura de Kalak se perdió por fin en la oscuridad de los pasillos, escuchándose aún en el aire sus palabras, dagas que se clavaban en el corazón de sus cinco hermanos oscuros.

- Y después del fuego... tan solo quedarán las cenizas. Y es sobre ellas sobre las que tenéis verdadero poder. Pero estáis demasiado ciegos como para verlo. Aún así¦ os obligaré a entenderlo por vuestro bien¦ No contéis conmigo para vuestras necedades¦ No hay negociación posible.

El eco se disipó al fin en la oscuridad, devolviendo la fría calma a la estancia de los Señores Oscuros.

- Se ha¦ marchado¦ -murmuró uno de ellos.

Los cinco nigromantes se miraron entre ellos.

- Tenemos que negociar.


En la Ardiente Oscuridad

El calor de los que acababan de morir se perdió en la oscuridad de la noche. El pequeño pueblo de Etherye que otrora prometía convertirse en una bulliciosa y gran ciudad parecía ahora poco más que un cementerio en ruinas. Cientos de cuerpos inertes yacían en el suelo, cuerpos de bandidos, delincuentes y condenados. Cuerpos de personas que habían huido del lugar donde habían nacido buscando una vida mejor. Cuerpos de aquellos que buscaban en Tierra Negra un lugar donde partir de cero. Y entre ellos, decenas de cuerpos de los bárbaros norteños, thalesianos que habían luchado durante años y habían dado su vida por recuperar una tierra antaño suya, una tierra que les había sido arrebatada. Etherye había quedado reducida a un recuerdo, y la verdad acerca de su final sería arrastrada por los vientos.

Tan sólo tres personas habían sobrevivido a la masacre. Sus cuerpos estaban cubiertos de sangre, tanto de sus víctimas como de aquellos amigos que les habían seguido a la lucha.

Una de ellas, una mujer cuyo rostro estaba cruzado por una terrible cicatriz, levantó la mirada hacia el valle, mientras el fuerte viento agitaba las pesadas pieles que vestía. Con un intenso gesto de fiereza y determinación, susurró unas palabras a sus compañeros de viaje:

œEsta es la primera de las muchas ciudades que caerán. Quienes hoy lucharon aquí habrán dado su vida por expulsar a la propia Muerte de estos valles, y se les recordará siempre como héroes. El fin del invasor ha comenzado, y su oscura Tierra Negra desaparecerá tal y como vino. Cuando nuestros vecinos pronuncien nuestro nombre, lo harán con temor en sus voces. Los dioses están con nosotros, y nuestro pueblo recuperará su honor con la sangre de los corruptores. Lo juro por Morrigan. Lo juro por Cern.

œTus dioses, respondió uno de sus acompañantes con gesto gélido.

El silencio de la masacre de Etherye sólo era perturbado por el viento ensordecedor que silbaba entre sus ruinas. Cuando los tres caminantes comenzaron a alejarse de la ciudad, el sol comenzó a asomar por detrás de las montañas. Al contemplar la vigorosa luz del amanecer, la mujer que había hablado a sus compañeros detuvo el paso, agotada pero firme.

œAhora debemos viajar hacia el sur, a la antigua ciudad de Yggenila. Reuniremos a nuestros hermanos. Que los siervos de la Muerte estén alerta, pues al igual que hoy, el viento de los bosques de Thalesia arrastrará las cenizas más allá del mar.

A una milla al oeste de Etherye, un grupo de jinetes bien armados y pertrechados contemplaban atónitos el desolado paisaje de destrucción bañado por la luz del alba. El fuerte viento agitaba también el estandarte que portaban, un poderoso martillo de plata de pie sobre un gastado cráneo quebrado sobre fondo negro como la noche. El maestre de los Martillos de Herejes contuvo a su caballo cuando éste se alteró por el siniestro aroma de lo que ya no vive. Los rostros de todos los presentes, agotados por varios largos días de marcha, aguardaban a la expectativa de nuevas órdenes del líder de la expedición de guerra.

œCompañeros... ignoro lo que ha acabado con Etherye, pero por Dios el Guerrero que lo averiguaremos. Sir Damodar, Sir Sivarian, Sir Kromus y Sir Fargus, desplegad a vuestros hombres por las ruinas de Etherye. Buscad supervivientes y cualquier información que nos desvele lo que ha ocurrido aquí. Quiero saber¦ necesito saber¦ quién se nos ha adelantado.


FIN

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