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Cuando Llegue el Amanecer

Cantares de Gloria

En la plaza de Ardrey la gente paseaba entre risas y voces. El bullicio se debía a las fiestas locales, que habían atraído a muchas gentes, y los tragafuegos y feriantes callejeros creaban amplios círculos de paseantes. Un juglar había captado la atención de unos cuantos aldeanos, y cantaba las hazañas de muchos caballeros, historias que el pueblo siempre estaba gustoso de oír.

Y desde aquel momento, se le conoció como Sir Verdelt el poderoso. Mas no partáis aun, queridos amigos! Tan raudo como un ciervo os cantaré la historia de un caballero que bien conoceréis, de aquel que Dios en su infinita sabiduría... pero no vayamos tan rápido, relatemos desde el principio...

Como el viento vuela
Corre la leyenda
de aquel que un día dio
Su vida por esta tierra

Valiente como el sol
que a la oscuridad desafía
la tierra florecía
a su alrededor

También era un gran señor
justo en su sabiduría
el malvado perecía
bajo su recto fervor

Siempre leal, ¡más que ninguno!
de su sangre sufrió la traición
pero la virtud de su corazón
le dio la victoria en el oportuno momento

Todo aquel bajo su defensa
ya fuese noble, clero o villano
nunca recibió ofensa
que con justicia no hubiese acabado

Y su coraje quedó demostrado
contra los del norte, bastardos
los cuales todos huyeron
ante su poder desesperados

Supo hacer de su fe
la mejor de las armaduras
no hubo brujería o hechizo
capaz de romper su hermosura

Mas no creáis, compañeros
que mordió el anzuelo del orgullo
pues jamás le tembló la voz al elevar
el mérito de los demas por encima del suyo

Muy generoso fue
para algunos el bienhallado
no hubo real o ducado
que no compartiese con el necesitado

La nobleza fue su constante
su porte y sus actos narraban
de forma más hermosa que un servidor
cómo tan sólo mejorar deseaba

Adalid de la verdad
siempre sincero y franco
fiel a los ideales de la majestad
pues no hablo de otro que de Aldrión, el deseado


La multitud, que se había mantenido silenciosa durante todo el cantar estalló en aplausos y vítores, y los ducados (y algún que otro real) fueron lanzados a Garlan el juglar. Á‰ste hacía reverencias y sonreía. Las historias de caballeros hacían que las gentes enardeciesen si se narraban en los momentos adecuados. Á‰l mismo había sido escudero antes, y conocía muy bien las virtudes de los caballeros. Puede que no todos fuesen perfectos, pero había algo en ellos y en sus leyendas que realmente les colocaban por encima de los demas... aunque ya no podría comprobarlo...

Pero siempre le quedaban los cuentos y las leyendas que conocía y que intercambiaba con otros bardos. Cantándoselas a aquellas gentes, se sentía en cierto modo un caballero, que les daba a aquellas gentes aventuras con las que volar a través de las tinieblas de la vida cotidiana, porque puede que los caballeros caguen y meen como los demás, pero no viven como cualquiera.

Mientras pensaba en estos asuntos, un caballo se le acercó al paso. Una figura grande y fuerte iba subida al hermoso caballo que a ojos de Garlan era fácilmente reconocible como un caballo de guerra. El juglar se inclinó ostentosamente y dijo:

œ¿Qué os puede ofrecer mi humilde persona, Señor? “No le había costado nada deducir que se encontraba ante un caballero. había contestado con cortesía, pero sus piernas estaban preparadas para salir corriendo por si acaso alguna de sus anteriores historias había podido ofender de alguna forma al guerrero...

Una voz levemente rasposa le contestó“ œMi pobre heraldo murió por enfermedad hará una semana, y he oído que se os dan bien las historias de caballeros. Quizás os apetezca conocer de verdad alguna de estas historias, y así ambos saldríamos ganando algo “Dejó caer, como quien pregunta cuánto cuesta una lechuga.

Garlan no tuvo que meditar ¡¡estaba claro que aceptaría!! Era su oportunidad de refrescar su haber de historias... y... ¿quién sabe? Viviendo con caballeros puede que se te peguen sus virtudes, y con suerte cumplas tus sueños de verte envuelto en una armadura y a lomos de un corcel... pero sólo si demuestras ser digno de ello...


FIN

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