Rumores

Volver

Crepúsculo de los Héroes

A las puertas del Wardheim

Diario de su Excelencia, el Embajador de Kendoria en Turiel. En el decimoquinto día de la octava luna del año 804 de Su Alteza, la Emperatriz Zerika, Heredera del Orbe Imperial y Primogénita de la Casa del Fénix.

Nunca se sabe lo cómodo que puede llegar a ser tu hogar hasta que no estás a decenas de millas de él y sabes que en los próximos meses la situación no va a cambiar ni un ápice.

Lo que en principio iba a ser una rutinaria sesión de papeleo se ha convertido en un viaje de pesadilla. ¿Quién me iba a decir que el enviado de su Alteza Imperial me tenía reservada una desagradable sorpresa? Aunque, desde luego, la sorpresa no fue sólo mía. Á‰l también tendría su pequeña porción más adelante.

El caballero tomó contacto conmigo durante mi estancia en Athkar y me "reclutó" para una misión en principio diplomática, en plena frontera, entre el territorio de los Pequeños Clanes y la Gran Casa de Turiel. Obviamente no me pude negar, el Imperio reserva sus mejores maneras para los que se niegan a prestarle ayuda.

El Enviado Imperial temía que el ataque de Turiel se estuviese retrasando demasiado. Después del ataque Ofheim sobre Tir-Quanor el Imperio se había vuelto especialmente duro a la hora de administrar represalias, y ahora le tocaba el turno a los jinetes de Turiel.

Nos reunimos con uno de sus líderes, el llamado Frindil, Señor del Viento Gélido. El Enviado Imperial fue tajante en sus prerrogativas: si no apoyaba al Imperio se consideraría un traidor al mismo, y serían los siguientes en caer. Las tropas Ofheim estaban arrinconadas en la frontera Este de su territorio, lindando con el de las Grandes Casas de Turiel y Liara. El representante Imperial exigía la rendición de los Ofheim.

La respuesta de Frindil no se hizo esperar, despachó mensajeros hacia los líderes de los últimos reductos Ofheim en Thalesia.

Los Ofheim aceptaron el encuentro en una zona neutral y sagrada para ambos pueblos.

Ha pasado casi un mes, y lo recuerdo como si fuera ayer.

"Sigo sin confiar en ti, Frindil. Dímelo tú: ¿qué diferencia hay entre un Ofheim y un descendiente de la Casa de Turiel? Todos me parecéis iguales. Me da la impresión de que todos nacéis con la traición en la sangre. A Teroe le traicionaron sus supuestos aliados, su hijo Turain tuvo el mismo fin. A Bullwaith se le negó el auxilio, siendo el 'todopoderoso' caudillo de los Ofheim, y creo que sabes cómo murió Raisah, la Caudilla, sola en el campo de batalla." -Hablaba soberbio el representante Imperial.

"Ya te he dicho que soy fiel al Imperio, ¿cuántas veces tengo que repetírtelo? Quizás tú no veas ninguna diferencia, pero nuestra Casa tiene decenas de siglos de antigüedad. Ya estábamos aquí antes de que Zerika portara el Orbe. Nosotros no abandonamos a nuestros guerreros. Nosotros no denegamos el auxilio. Nuestra fidelidad al Imperio quedará demostrada ahora mismo."

La furia se veía reflejada en los ojos del líder del Clan del Viento Gélido.

Con pasos pesados Frindil se dirigió al centro de la zona sagrada donde les esperaba el líder del Clan de la Escarcha, Ingor Lanza de Hielo. Frindil enarboló su hacha. Ingor no necesitó mediar una sola palabra para saber que debería luchar por su vida. Los ojos de Ingor se cubrieron de una nube de furor sangriento, mientras desenvainaba sus dos espadas de azulado acero y su boca espumajeaba gritos de ¡Traidor! ¡Profanador! y ¡Perro de presa del Imperio!

Se sucedió un torbellino de golpes y la sangre comenzó a brotar por diversas heridas de ambos contendientes. Pero Frindil se impuso en el combate y con un golpe certero abrió el pecho de Ingor con su hacha. Pero eso no doblegó al líder del Clan de la Escarcha. La furia asesina dominaba el corazón del guerrero que repelió a puñetazos a su enemigo. A pesar de la sangría, el cuerpo de Ingor podía seguir combatiendo pálido como un cadáver, exangüe tras las muchas heridas recibidas.

Frindil aunque aturdido consiguió desarmar a su oponente y dar el golpe de gracia hundiendo la mitad del filo de su hacha en la clavícula de su adversario. Con los huesos rotos y la vida a un paso de traspasar las puertas del Wardheim, Ingor no se rendía. Tomó a Frindil por el cuello y comenzó a apretar hasta que sus venas se hincharon por el estrangulamiento.

Tres golpes de hacha más tuvo que dar Frindil para doblegar a su enemigo. Las piedras del círculo druídico estaban empapadas con la sangre de la impía acción de Frindil y roja se veía la blanca nieve invernal que rodeaba el lugar sagrado.

"¿Esto es lo que querías, verdad? Pues ahí tienes la demostración del valor y lealtad de la Gran Casa de Turiel hacia el Imperio. Ahora vosotros me acompañaréis hasta territorio Ofheim ¡y veréis de lo que es capaz la hueste de Turiel!" “ Gritaba enardecido el líder del Clan del Viento Gélido al Enviado Imperial, y más tarde se dirigió a sus fieles guerreros “ "Es el momento de demostrar el tipo de sangre que corre por nuestras venas: "¡¡ALUMBRAD, AVANZAD Y ATACAD, THALESIA!! ¡¡LUCHAD SIN TEMOR A MORIR!!"

La escolta de Ingor fue inmediatamente descuartizada por los guerreros de Frindil. Desde luego no era satisfacción lo que reflejaba la cara del Enviado Imperial. Creo que esperaba no tener que mancharse las manos con este asunto, al igual que a mí me gustaría estar en mi hogar al calor de mi chimenea.

Esta mañana hemos llegado al campamento Kestla, el bastión de los jinetes de Turiel, desde donde se llevarán a cabo los ataques para acabar con los últimos descendientes de Ofheim.

Desde nuestra posición privilegiada hemos podido observar algo que nos ha sorprendido sobremanera: Muchos de los antiguos clanes Ofheim unidos en un solo frente bajo el estandarte del Clan de la Escarcha, liderados por el hijo de Ingor Lanza de Hielo, Burgar Cuchilla Afilada, el autoproclamado Caudillo de los Ofheim. La batalla se cernía sobre nosotros, Frindil se dedica a arengar a sus temibles jinetes. Los enormes caballos de Turiel rugían como bestias y sus pezuñas, afiladas a conciencia por el pueblo del Viento Gélido, capaces de abrir el cráneo de sus enemigos a golpes, rompían el hielo bajo sus patas con gran estruendo, como si una negra tormenta se cerniera sobre nosotros. ¿Y qué puede hacer un hombre de Estado como yo en un lugar como éste?

Á‰ste es el Crepúsculo de los Héroes, la última oportunidad para alcanzar la gloria y traspasar las puertas del Wardheim o precipitar tu alma aullante en una eterna caída hasta las profundidades del Pozo. ¿Quién eres tú para rechazar el ofrecimiento de Ragnar el Padre de Todos?

La ira de Sorxa


Tras varios días de marcha, el grupo se asentó en un pequeño claro. Los orcos habían pasado varias semanas saqueando aldeas en aquel territorio y era hora de volver a casa.

Su campamento estaba más al norte, en territorio hostil, donde los jinetes de Turiel no dejaban orco con cabeza. Se estaban acercando, pero era ya demasiado tarde para seguir con el camino.

Durante todo el viaje no habían escuchado un solo animal, pero ahora, la noche parecía llena de sonidos. Sólo una cosa les molestaba, no había luna, la noche era cerrada y oscura. El fuego no debía apagarse en toda la noche.

El líder organizó el campamento, para poder protegerlo, y montó las guardias. La primera guardia no había acabado aún cuando escucharon un grito ahogado. El fuego estaba apagado. El líder salió de su tienda. No escuchó nada. Llamó a gritos a sus hombres, los guardias no respondieron, los demás se despertaron y salieron.

El líder ordenó atacar a cuanto se moviera, pero no fue capaz de acabar la frase, su garganta fue atravesada y calló al suelo chillando y desangrándose. Los demás fueron agrupándose, unidos por el miedo se lanzaron a la oscuridad. Sus gritos sonaron una vez, y su eco se perdió.

De repente, como las hojas movidas por el aire, se escucharon unos pasos, se acercaban hacia el centro del campamento. De entre las sombras, tres figuras aparecieron envueltas en capas. El líder todavía agonizante intentó hacerse con un arma.

Entonces, se escuchó una voz:

"El campamento será quemado. La inmundicia no se merece pisar nuestro territorio. El bosque es nuestro, nosotras lo vigilamos. Los árboles son nuestros ojos y nuestras armas. El halcón, nuestro aliado, desde las alturas nos avisa. Aprende ahora, que Sorxa no entiende de piedad con engendros como vosotros."

Y con un golpe, el orco gritó por última vez.
La llamada del Wendigo
En la Marca del Norte hay un lugar antiguamente maldito llamado Benndrash. Los licántropos devoraban a todo aquel que se acercaba a ese pequeño pueblo montañés desde hacía un siglo. Ahora, la maldición se ha volatilizado para traer algo peor, mucho peor.

Orcos. Orcos por todas partes, como una colmena, dando vueltas y más vueltas alrededor de la torre negra del Hechicero Supremo Hyno Shaldrash. Han extendido sus zarpas sin control, arrasándolo todo como una espiral de destrucción. El Norte de Rhoden fue una de las regiones kendorianas más afectadas, de tal modo que aún no han podido expulsarlos en su totalidad.

Y no hay noche en la que el nombre de su imbatible dios de la Guerra no sea alzado a gritos en la profundidad de sus bosques.

Mog, Mog, Mog, Mog, Mog se les oye rugir
Mog, Mog, Mog, Mog, Mog de él has de huir.

Otra noche más uno de sus clanes alza su voz por encima de los demás. Los Colmillos Sangrientos, los favoritos de la más maligna de todas las chamanesas, los elegidos por Mog, los ungidos de Gormanga, los selectos hijos de Gubaramonga.

Hace un año el Gran Tótem fue erigido por obra y gracia de una sola zarpa imperiosa. La zarpa que ahora gobierna a todos con Puño de Bronce, para gloria de Mog. La zarpa que aterroriza la Marca desde hace un año. La zarpa que esclaviza a decenas de humanos a picar las minas de sus montañas. La zarpa que convoca los poderes de los tres grandes dioses y la magia más cruenta, teniendo como tutor al Hechicero Supremo. La misma zarpa que estruja hasta convertir en una pulpa sanguinolenta los cinco corazones humanos para el impío ritual que en estos momentos se está llevando a cabo. La zarpa de la Reina Glaurg.

Girando como frenéticos dementes, treinta orcos bailan alrededor del Gran Tótem lanzando espumarajos sanguinolentos pues apenas pueden contener en su interior las sustancias alucinógenas que la Gran Chamanesa les suministró para el Ritual de la Bestia. No paran de gritar la misma oración: Mog, Mog, Mog, Mog, Mog.

Se preparan para la Guerra.

La Reina Glaurg permanece desnuda delante del Tótem y su baile se vuelve cada vez más frenético. Termina de tragarse el último corazón humano y comienza a implorar una oración mientras va derramando, a golpe de cuchillo, sangre de orco sobre el Gran Tótem. Mientras baila los tajos vuelan a un lado y otro y los elegidos por la Reina se frotan contra la sacra madera para no desperdiciar una sola de sus gotas.

Mog, Mog, Mog, Mog, Mog “ rugen los orcos

¡EN LA ESPESURA...NO TE ADENTRES! “ canta la chamanesa.

Mog, Mog, Mog, Mog, Mog

¡YA SE ACERCA, RECHINAN LOS DIENTES!

Mog, Mog, Mog, Mog, Mog

¡CUANDO CAIGA EL SOL HABRÁ‰IS DE HUIR...!
Mog, Mog, Mog, Mog, Mog

¡SALVE WENDIGO, A MI ME HAS DE SERVIR!

Mog, Mog, Mog, Mog, Mog
¡¡GARRA Y PELO!! “ La chamanesa quema ante una gran pira las pieles de grandes bestias.

Mog, Mog, Mog, Mog, Mog

¡¡DE UN NICHO SIN SUELO!! “ Cenizas de los últimos guerreros del clan caídos en combate son alzadas en un cuenco y el viento las arroja al interior del bosque.

Mog, Mog, Mog, Mog, Mog

¡¡DIENTES ROJOS!! “ Los colmillos de dos licantropos son machacados a mazazos y se arrojan al mortero.

Mog, Mog, Mog, Mog, Mog
¡¡SANGRE Y DESPOJOS!! “ Los corazones a medio masticar de los humanos son escupidos sobre el mortero y se mezclan con sangre de goblins recién nacidos. El contenido se ofrece al Gran Tótem y con una libación la chamanesa apura su contenido.

¡MOG, MOG, MOG, MOG, MOG! “ El griterío se hace más frenético
¡EL WENDIGO SABE QUE ESTAMOS AQUÁ!

¡¡MOG, MOG, MOG, MOG, MOG!!

¡ENEMIGOS DEL CLAN HABRÁ‰IS DE HUIR!

¡¡¡MOG, MOG, MOG, MOG, MOG!!!

¡NI UNA NOCHE MÁS VAIS A VIVIR!

¡¡¡¡MOG, MOG, MOG, MOG, MOG!!!!

¡¡¡TORTURA, DOLOR!!!
¡¡¡GRITOS, CLAMOR!!!
¡¡¡VUESTRA CORDURA, EN EL POTRO!!
¡¡¡EL WENDIGO VA A POR VOSOTROS!!!

Gritos. Miles de gritos. Todos los frenéticos danzantes del ritual caen al suelo dando alaridos y sujetando sus cabezas. No pueden aguantar el dolor, no pueden sujetar sus mentes, sus corazones no pueden soportarlo más.

Todos mueren, menos la Reina Glaurg. Silencio. El silencio más aterrador que se pueda imaginar¦ Y después sólo el sonido de unas pisadas y una palabra, gritada por un centenar de voces desgarradas, golpeando cada madriguera, cada árbol hueco, cada pesadilla:

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡WeEeEeEeEeEeEeEeEeEeEeNDIGOoOoOoOoOoOoOoOoO!!!!!!!!!!!!!!


El Señor Dragón, Sir Saulk Blaugir

En revisión...


La balada del Wendigo


En una aldea Ofheim, las madres tratan de hacer olvidar a sus hijos las penurias de la guerra contándoles leyendas.

-Mamá, no quiero ir a dormir-

-¿No? ¿Por qué?-

-Quiero esperar a padre despierto.-

-Ah..-repuso la abnegada mujer, y esbozó una leve sonrisa que iluminó momentáneamente el rostro envejecido por el dolor, el pesado trabajo y la angustia de que cualquier día su marido podría no regresar a casa...o regresar muerto. No quiso seguir pensando en ello, así que decidió cantar a su retoño una nana de miedo, para que prefiriese irse a acostarse que esperar que de entre las tinieblas nocturnas emergiese su progenitor.

-¿Sabes lo que puede salir de las sombras de la noche y de lo más negro del bosque?-

-¡Un bastardo turiel!-gritó el muchacho, y apretó los puños.

-No.. Algo peor. El Wendigo.-

-¿Qué es, mamá?-

-Te lo contaré si te acuestas. Yo esperaré a tu padre.-

"En la espesura...no te adentres
o te dará posada en el vientre
A correr, a correr, a correr...
que el Wendigo te va a comer

Garra y pelo
de nicho sin suelo
dientes rojos,
sangre y despojos

El Wendigo sabe que estás aquí
¡y ya viene a por ti,
y YA viene a por ti!"

FIN

Volver


Categorías

Menu