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VILLA DE NAIA

El Lugar

ciudadesSituada en el curso medio del "Río de la Vida", en uno de los puntos donde la, por lo general, fluida corriente atraviesa páramos áridos y valles con cauces subterráneos. Era, hasta hace unos meses, un asentamiento muy pequeño, poco más que una aldea de una docena de cabañas en el extremo de la baronía de Lord Denon Brina.

Excepto en su linde oriental, donde se abre un camino que conduce a la frontera kalendoriana, está rodeada por un bosque poco frondoso. Pero son muy pocas las sendas que se adentran en él. Cuando cae la tarde, ni siquiera los pájaros pían, y el silencio es tan frío como el sudor que empapa a aquellos que osan aventurarse más allá de las decenas de millas que los separan del resto del ducado. Tristemente, tan sólo el eco de un alarido cuando alguien desaparece para siempre, o ni siquiera eso, perturba ese expectante silencio.

Al sur, apenas tres jornadas de marcha te llevarían a la región de Lors, donde se forman algunos de los más valientes caballeros de la Sagrada Orden del Fuego y la Espada. Al norte, siguiendo el curso del Río, en una semana de viaje sin contratiempos a través de las escarpados márgenes de la arteria fluvial, podrías vislumbrar el lúgubre cielo de Mecia. Naia no es una encrucijada de caminos importante, y sus habitantes jamás han salido de su aldea salvo cuando el propio Rey les pidió que lo hicieran...

Historia

naiaPoco se sabe del pasado más remoto de Naia. Parece ser que en otro tiempo fue un lugar próspero que cayó en desgracia. Las noticias más antiguas datan del siglo quinto del Imperio de Zerika. Algunos hombres encontraron el valle de Naia, oculto en las estribaciones de unas colinas. Debieron ser bastantes los que se quedaron, y de ellos desciende, según constatan algunos documentos y tradiciones, la familia Goralen.

Con el primer advenimiento del Rey Aldrion, hace 200 años, hubo una pequeña conmoción en Naia. El monarca debió pasar algún tiempo en la región. Lo que es seguro es que vinculó a las familias Torcadán, Hiliadan y Morgadan a estas tierras, y que unos años más tarde su vasallo el Duque de Copomar entregó estas a Lord Josh Brina.

No obstante, los Brina nunca pisaron Naia. Lord Josh y su hijo elaboraron tributos, pero eran tan bajos, debido a la pobreza de las tierras, que apenas compensaba el gasto de mantener un recaudador en la aldea. Y así, ésta fue olvidada durante años. Las familias estrecharon alianzas y odios entre ellas, al tiempo que el cerco del bosque se tornaba más ominoso. Es en esta época cuando comenzaron a gestarse las leyendas en torno al misterio del bosque. Normalmente desaparecían animales domésticos, ganado... pero cada cierto tiempo, un niño travieso o un leñador temerario se perdían entre los árboles para siempre.

La guerra civil estalló en el oeste, pero en el valle la noticia fue ignorada hasta que los Kaliesin, una familia de Lors que poseía una granja, la construcción humana más cercana al enclave de Naia, sufrió un cisma en su seno por culpa de la guerra y una parte se mudó a la vecina aldea, que así recibió la noticia del conflicto. Algunos ciudadanos decidieron partir, pues las condiciones en el Ejército Real no podían ser mucho más miserables que la sórdida existencia en Naia, pero la mayoría ignoraron el suceso, teniendo por falso el regreso del Rey. Se equivocaron...

Una noche de 805, Su Majestad cabalgaba desde el frente hasta Lors, donde se reuniría con una importante dotación de Caballeros de la Iglesia y algunos capitanes de la Orden del Templo de San Anselmo. Preocupantes motivos le habían obligado a abandonar la primera línea de la guerra y adentrarse en la linde oriental de su vasallo más firme: Copomar. Normalmente hubiera seguido el Viejo Camino del Alba, pero en lugar de ello decidió proseguir por la senda del río. Y así llegó a Naia, atravesando indemne el bosque. Los escasos campesinos que había en el campo debieron recibirlo y partir con él. O al menos eso es lo que asegura un viejo escudero del ejército real, la única persona que encontraron los habitantes del poblado cuando al día siguiente fueron a los labrantíos, extrañados de que sus familiares no hubieran regresado ya. No lo sabían bien aún, pero algunos, los más dotados de intuición, temían que la triste, pacífica y mísera aldea acababa de entrar en la guerra.

Cada día desde entonces acrecentó entre los habitantes de Naia el temor a la inminente invasión. Primero, cuando empezaba el otoño, llegó Lord Denon Brina. Es el señor del lugar, aunque nunca antes se había preocupado por visitarlo. Y ahora, de pronto, se instalaba en él junto a un nutrido grupo de supervivientes de Mecia. La sorpresa fue general, y el cacique del pueblo, el molinero de la familia Hiliadan, apenas tuvo tiempo para mudar posesiones y familia a otra vivienda, pues se vio obligado a ceder la suya al noble.

naiaLa vida de Naia había sido hasta entonces tan dura como tranquila. La tierra no es buena, y pocas manos pueden trabajarla. El bosque es más que inseguro, una trampa y una advertencia constante. Pero con ello, con el hambre y el miedo, podían convivir. Ahora, cuando las bocas se multiplicaron y el propio señor de estas tierras vivió de ellas y pudo ejercer su absoluto derecho sobre bienes y personas, la situación cambió radicalmente. Y no a mejor.

Sin embargo, y algunos quieren creer que el bosque se mostró algo más clemente con la llegada de los nuevos colonos, Naia sobrevivió a esta migración. Un mes después, los esqueletos de las casas que acogerían a la crecida población ya se alzaban entre las cabañas de los "antiguos". No obstante, los recursos seguían siendo escasos, y la penuria parecía inevitable. Los habitantes de Mecia habían traído consigo provisiones, pero no duraron lo suficiente, y el escaso comercio con los kalendorianos no bastaba.

Fue entonces cuando aparecieron los goblins. Un grupo de ellos, prófugos y nómadas, según declararon, había encontrado un buen asentamiento a escasa distancia de Naia, en el bosque, junto al cauce del río. Tenían comida de sobra, y parecían muy seguros de poder producir alimentos con que sustentarse ellos y aún más que vender a los habitantes de Naia, ayudándolos a sobrevivir. El barón Denon, presionado por las circunstancias, hubo de consentir en permitirles asentarse, consciente de la dependencia de su pueblo de lo que los goblins consiguieran producir.

naiaY así, trabajando duro, las fuerzas se iban agotando, pero seguían vivos. Naia acogía ya a medio centenar de habitantes, entre aldeanos y colonos mecios. El ánimo general no llegaba a ser optimista, pero por lo menos las quejas se hicieron menos agrias. Parecía posible cierto entendimiento, y al producirse un período prolongado de escasez de noticias provenientes del frente, la expectación primaba sobre el temor. Quizás incluso llegó a ser contraproducente, pues con el advenimiento de mecios y goblins, el desencanto se materializó en forma de bandas de ladrones y salteadores de caminos. Sí, hay poco que aprovechar de las gentes pobres, pero siempre será mejor y más fácil ese poco que acabar la jornada con las manos llenas de ampollas y la espalda destrozada.

Un aire agobiante se respiraba en Naia. Y con toda seguridad, la masa aldeana hubiera escapado, perdida toda esperanza, por los caminos, prefiriendo enfrentar los peligros del bosque o el exilio antes que permanecer en ese pozo de lamentos; de no ser por la aparición de la Orden de San Liance. Su dedicación a los más necesitados sirvió de ejemplo, y quienes ya iban a abjurar de toda fe, al observar la constancia y pía caridad de los monjes hospitalarios, avergonzados sacaron fuerzas de flaqueza. No en vano predicaba la Orden que "Dios y el Rey no abandonan ni el cuerpo ni las almas de su grey".

Año 806 d.Z

Ha sido un año de revelaciones para Naia, y de profundos cambios. Y aunque aún hay descontento, todos los habitantes de este lugar podrán decir que algo ha muerto en la aldea: el miedo.

Con el sacrificio de Dante Torcadan se cerró un ciclo. Agredido, invadido, purgado... el extraño poder que atenazaba el Bosque se ha marchado. Puede que casi todos los aldeanos se alegren de ese suceso, pero les inquieta el no conocer su causa exacta. Sea como sea, parece ser que el Bosque fue un portal sólo de salida para el poder ignoto que lo moraba y para Su Majestad el Rey Aldrion.

A la desesperación al saber que el Rey desaparecía siguió un período de confusión, pues la esperada invasión y conquista de los ejércitos del Príncipe Galier no se llegó a completar. Pronto se conoció el motivo, que asombró a muchos: el Duque Proceas, utilizando su cargo como Imperator, había hecho salir a las legiones kalendorianas a defender sus tierras. Es más, lo hacía amparándose en el argumento de que Copomar no sólo era el hogar de sus vasallos, sino que la consideraba una nación hermana y aliada de Kalendor.

naiaAsí, poco a poco, la presencia de kalendorianos en territorio ducal fue incrementándose. El ejército mantenía a las tropas de Galier a raya, pero lo acompañaban civiles emigrantes que se iban instalando en Copomar.

Aquella solución aliviaba el miedo a la guerra, pero ha empezado a generar conflictos sociales. Las costumbres kalendorianas resultan extrañas en Copomar, y su religión no es bien vista por los más conservadores, aunque la Iglesia de los Cuatro Puntos Cardinales ha guardado silencio últimamente.

A este hecho se suma otro de similares características. Los goblins de Villalurg han cambiado su mugriento y semiderruido campamento por cabañas en Naia, creando un barrio propio, Rakakrog. Se les ha tolerado por la misma razón por la que el barón Denon Brina les concedió el derecho a residir en Villalurg: producen, además de mucha, mucha basura, comida para los plebeyos humanos. No obstante, la dependencia de la aldea de los pequeñajos verdosos decrece gracias a las caravanas comerciales que de Kalendor llegan importando los productos más básicos. Esta competencia es uno de los pilares del equilibrio, si se le puede llamar así sin pecar de optimista, en la convivencia de kendorianos, kalendorianos y goblins.

Y no obstante todo lo dicho, Naia prospera. Se ha convertido en un enclave único donde casi cualquier cosa es posible. Sólo hay que tener voluntad de medrar...y cubrirse bien las espaldas.


VILLALURG

VillaLurg es un pequeño poblado minero goblin, donde sus miserables habitantes prosperan como una pequeña comunidad autosuficiente. Gracias a sus granjas de grandes cerdos peludos y la recolección de bayas, raíces y hongos, no les falta de nada. Además, el que hayan conseguido domesticar a unas cuantas criaturas monstruosas como los trolls, les hace vivir en una relativa paz, ya que esto convence a sus enemigos de atacarlos es una mala idea.

goblinLa comunidad, por extraño que parezca, tiene grandes parecidos con la sociedad humana, y algunos piensan que es una forma de burla hacia sus vecinos, los habitantes de Naia. Al menos tienen un alcalde que dirige todos los asuntos de œjusticia, como disputas y el tan conocido œ¡eze zerdo eh mio!.

La dirección de la mina es supervisada por un capataz y ejecutada por peones, unos cuantos trolls cavadores y su cuidador, del que hemos de extrañarnos por que no se lo hayan comido aún. Por otra parte, también existe la figura del administrador, así como una princesa de sangre nobilísima, al menos entre los estándares goblin. Incluso podríamos hablar de burguesía al echar una mirada a las familias de porqueros comerciantes que pastorean sus cerdos lanudos por las zonas pantanosas del río, algunos de los cuales venden a los habitantes de Naia.

Ciertamente, la población goblin no lleva mucho tiempo asentada en la zona. Muchos de ellos son restos de clanes goblins arrasados por los orcos del norte o esclavos de estos que consiguieron escapar ante la dictatorial mano de hierro de sus amos.

Curiosidades

Basadas en el escrito De Rerum Miserabilis Globlinoidum de Tarkrat el Mago.

Poco se sabe del sistema judicial goblin (en realidad poco se sabe de estos seres), pero cualquiera que haya visitado el poblado y se haya parado un instante a observar a estas criaturas podrá haber comprobado que no difieren demasiado de la actuación de los orcos, es decir, el que más fuerza tiene más razón lleva.

Por otro lado todo parece paz y armonía desde que se instaló la costumbre, que poco a poco se va convirtiendo en una tradición, del sistema Ayvassa, consistente en que los dos goblins que se disputan, por ejemplo, un cerdo, arrojan una piedra lo más lejos posible de sí. El que alcanza mayor distancia es el que se lleva la razón, y en este caso el cerdo.

Se impusieron una serie de reglas por las cuales la roca debe ser aceptada por ambas partes, para evitar posteriores disputas. Pero como muchas veces el goblin tenía que medirse con los humanos bajo estas mismas leyes, se estipuló que el goblin, y sólo él, tiene derecho a elegir un campeón que arroje la piedra por él. No hace falta decir que en la mayor parte de los casos este campeón electo suele ser de raza troll.

La tradición parece estar sacada de algún tipo de derecho consuetudinario de las costumbres orcas que ellos mismos llamaban Rakakroj (cuya traducción más aproximada es Sacar o tirar la basura), y tenía el mismo proceder del Ayvassa pero la piedra era sustituida por un goblin canijo y cobardica.

En VillaLurg, tras su fundación y un par de días de prueba del Rakakroj, donde los trolls arrojaban a los infelices goblins a más de doce yardas de longitud y once pies de altura, descuartizándolos contra las rocas, se vio evidente que la modificación de esa tradición había de ser inminente. Con más razón aún, después de las muchas quejas sobre los derechos de sangre noble por los que un hobgoblin no podía ser arrojado ya que no estaba estipulado en las reglas del Rakakroj como raza idónea para el lanzamiento.

Tras los seis primeros mártires por la causa y la sustitución del término goblin por el de piedra, el sistema Ayvassa tuvo plena aceptación en esta pequeña comunidad de pieles verdes canijos y miserables.

El término Ayvassa no tiene traducción en la lengua orca ni en la goblin, en realidad es una pronunciación un tanto chabacana de la frase Ahí va esa, frase que se repite incesantemente por toda la comunidad cada vez que la piedra sale volando por los aires de la mano del goblin disputante o de su campeón.

Sobre Goblins y Hobgoblins

goblinAún no ha nacido el ser humano que sepa distinguir la sutilísima diferencia que existe entre estos dos tipos de criaturas, pero se sabe que VillaLurg cuanta con ambos tipos de individuos poblando las más altas y más bajas escalas sociales de este pueblecito mugriento.

Algunas conversaciones con uno de estos sujetos nos hace entender que la diferencia radica en la pureza de sangre de unos con respecto de los otros; se sabe que los hobgoblins son superiores a sus primos goblins tanto en astucia, malicia e inteligencia.

Confundir a un hobgoblin con un goblin hace que éste se vea ofendido en lo más hondo de su ser y lo más probable es que corte cualquier tipo de relación (comercial, de amistad o de alianza) con el humano que esté tratando con él al haberle insultado con algo tan grosero.

No ocurre lo mismo en el caso contrario, un goblin común que reciba el apelativo de hobgoblin se sentirá completamente halagado e inmediatamente corregirá al humano que le confundió con fórmulas de agasajo extremo y humildad absoluta donde negará tener una ínfima gota de sangre hobgoblin por sus venas afirmando no meresco tal honóh, zeñó canne roza.


MECIA


¿Qué fue de aquella brillante ciudad que acogió a los principales nobles de Copomar durante la celebración de los esponsales de los Duques Proceas y Niowyn?

meciaMecia es el más claro ejemplo de que los vaivenes del destino pueden truncar hasta el sueño más próspero. De la noche a la mañana acontecimientos graves y espantosos convirtieron la dichosa urbe del Barón Denon Brina en un cementerio. Con la agonía y muerte repentinas de Lyrdan de Copomar, pareció como si las tribus de orcos y bárbaros thalesianos que acampaban cerca de la ciudad tomaran fuerza, al menos la suficiente como para poner en jaque al contingente al mando del kalendoriano Barag Bashkar y a las tropas de los vasallos de Lyrdan. Pero el verdadero horror estaba a punto de desatarse.

Animados sus pútridos cuerpos por la nigromancia perversa, los muertos se alzaron de sus tumbas para derramar la sangre del pueblo mecio. Imparable, la horda de cadáveres andantes se desparramó por las calles de Mecia con el único propósito de arrasar, matar y destruir. Hubo valientes guerreros que intentaron detener su avance, incluso la voluntad de la Santa Iglesia manifestó su fuerza redentora enviando ángeles que retardasen el momento inexorable. Su sacrificio no fue en vano, porque aunque no salvó la ciudad de la ruina, impidió que muchos ciudadanos sucumbieran bajo las infectas garras de los no muertos.

Ahora ¿quién podría reconocer lo que fue una de las más grandes ciudades de Copomar bajo las formas siniestras y descarnadas de los edificios derruidos? ¿Quién podría intuir ni siquiera una sombra de su anterior gloria al ver la tierra mancillada, quemada, convertida en un páramo estéril donde las aves de rapiña sólo quedan para custodiar los esqueletos, tanto los de las casas como los de quienes las habitaban y no fueron tan afortunados que pudieran escapar?

Esa imagen trágica se ha grabado en las retinas de aquellos que, comandados por los esforzados templarios, pudieron huir a tiempo bogando río arriba, o los que, merced a la escolta de los hombres armados del ducado, hicieron de su hogar los caminos hasta que el destino les deparó uno nuevo: Naia

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