Al este, se encuentra una tierra regida por los vientos del destino. Sus habitantes son conocidos por su habilidad para organizar y su conocimiento de los hechos del porvenir; su ejército tiene renombre por su disciplina y eficacia; sus líderes son admirados por sus gestas y visión.
Es una tierra de contrastes, con altas montañas junto a extensas llanuras, de fogosos líderes militares que conquistan al destino a golpe de espada y calculadores comerciantes que sacan beneficio de toda situación posible. Y sin embargo, todo parece moverse y encajar con la precisión de un reloj. Todos saben que las cosas siempre tienen un propósito, que incluso las catástrofes naturales mas devastadoras están ahí con un fin, y nadie quiere perderse su lugar en la historia.
Es por eso que en Kalendor ha prosperado la religión del Destino, un culto al porvenir, administrado por sacerdotes de predicciones infalibles. Aunque los sacerdotes del destino distan de tener todas las respuestas, los breves destellos de luz con los que logran alumbrar las tinieblas del futuro bastan para asegurar la fe de sus fieles y otorgar la ventaja de la prevención a sus líderes.
Kalendor es un lugar donde a cada uno se le juzga antes por sus méritos personales que por su ascendencia. Los líderes, mas que designados por herencia o elegidos, son descubiertos por sus gestas. La tradición y el Destino dictan que sólo aquellos que porten la Marca del Destino son adecuados para gobernar, y que esas personas siempre están llamadas a realizar grandes hazañas de la más diversa índole. Cuando un kalendoriano destaca excepcionalmente en su cometido, ya sea militar, comercial o político, los sacerdotes se reúnen para hacerle la Prueba. Si la pasa, y se comprueba que tiene la Marca del Destino sobre él, es nombrado dirigente y pasa a formar parte de la elite que dirige el país.
El ejército kalendoriano está bien equipado y es extraordinariamente disciplinado. Formado por soldados profesionales, sus tácticas se llevan a cabo impecablemente, y pese a ser inferior en número a los más nutridos ejércitos de sus países vecinos, su celo ha impedido siempre que sus fronteras sean tomadas por el enemigo y han logrado sobreponerse a las mas adversas condiciones.