| Rumores de EFEYL |
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| Crepúsculo de los Héroes |
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A las puertas del Wardheim |
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Diario de su Excelencia, el Embajador de Kendoria en Turiel. En el decimoquinto día de la octava luna del año 804 de Su Alteza, la Emperatriz Zerika, Heredera del Orbe Imperial y Primogénita de la Casa del Fénix. |
| La ira de Sorxa |
| Tras varios días de marcha, el grupo se asentó en un pequeño claro. Los orcos habían pasado varias semanas saqueando aldeas en aquel territorio y era hora de volver a casa. Su campamento estaba más al norte, en territorio hostil, donde los jinetes de Turiel no dejaban orco con cabeza. Se estaban acercando, pero era ya demasiado tarde para seguir con el camino. Durante todo el viaje no habían escuchado un solo animal, pero ahora, la noche parecía llena de sonidos. Sólo una cosa les molestaba, no había luna, la noche era cerrada y oscura. El fuego no debía apagarse en toda la noche. El líder organizó el campamento, para poder protegerlo, y montó las guardias. La primera guardia no había acabado aún cuando escucharon un grito ahogado. El fuego estaba apagado. El líder salió de su tienda. No escuchó nada. Llamó a gritos a sus hombres, los guardias no respondieron, los demás se despertaron y salieron. El líder ordenó atacar a cuanto se moviera, pero no fue capaz de acabar la frase, su garganta fue atravesada y calló al suelo chillando y desangrándose. Los demás fueron agrupándose, unidos por el miedo se lanzaron a la oscuridad. Sus gritos sonaron una vez, y su eco se perdió. De repente, como las hojas movidas por el aire, se escucharon unos pasos, se acercaban hacia el centro del campamento. De entre las sombras, tres figuras aparecieron envueltas en capas. El líder todavía agonizante intentó hacerse con un arma. Entonces, se escuchó una voz: "El campamento será quemado. La inmundicia no se merece pisar nuestro territorio. El bosque es nuestro, nosotras lo vigilamos. Los árboles son nuestros ojos y nuestras armas. El halcón, nuestro aliado, desde las alturas nos avisa. Aprende ahora, que Sorxa no entiende de piedad con engendros como vosotros." Y con un golpe, el orco gritó por última vez. |
| La llamada del Wendigo |
| En la Marca del Norte hay un lugar antiguamente maldito llamado Benndrash. Los licántropos devoraban a todo aquel que se acercaba a ese pequeño pueblo montañés desde hacía un siglo. Ahora, la maldición se ha volatilizado para traer algo peor, mucho peor. Orcos. Orcos por todas partes, como una colmena, dando vueltas y más vueltas alrededor de la torre negra del Hechicero Supremo Hyno Shaldrash. Han extendido sus zarpas sin control, arrasándolo todo como una espiral de destrucción. El Norte de Rhoden fue una de las regiones kendorianas más afectadas, de tal modo que aún no han podido expulsarlos en su totalidad. Y no hay noche en la que el nombre de su imbatible dios de la Guerra no sea alzado a gritos en la profundidad de sus bosques. Mog, Mog, Mog, Mog, Mog se les oye rugir Mog, Mog, Mog, Mog, Mog de él has de huir. Otra noche más uno de sus clanes alza su voz por encima de los demás. Los Colmillos Sangrientos, los favoritos de la más maligna de todas las chamanesas, los elegidos por Mog, los ungidos de Gormanga, los selectos hijos de Gubaramonga. Hace un año el Gran Tótem fue erigido por obra y gracia de una sola zarpa imperiosa. La zarpa que ahora gobierna a todos con Puño de Bronce, para gloria de Mog. La zarpa que aterroriza la Marca desde hace un año. La zarpa que esclaviza a decenas de humanos a picar las minas de sus montañas. La zarpa que convoca los poderes de los tres grandes dioses y la magia más cruenta, teniendo como tutor al Hechicero Supremo. La misma zarpa que estruja hasta convertir en una pulpa sanguinolenta los cinco corazones humanos para el impío ritual que en estos momentos se está llevando a cabo. La zarpa de la Reina Glaurg. Girando como frenéticos dementes, treinta orcos bailan alrededor del Gran Tótem lanzando espumarajos sanguinolentos pues apenas pueden contener en su interior las sustancias alucinógenas que la Gran Chamanesa les suministró para el Ritual de la Bestia. No paran de gritar la misma oración: Mog, Mog, Mog, Mog, Mog. Se preparan para la Guerra. La Reina Glaurg permanece desnuda delante del Tótem y su baile se vuelve cada vez más frenético. Termina de tragarse el último corazón humano y comienza a implorar una oración mientras va derramando, a golpe de cuchillo, sangre de orco sobre el Gran Tótem. Mientras baila los tajos vuelan a un lado y otro y los elegidos por la Reina se frotan contra la sacra madera para no desperdiciar una sola de sus gotas. Mog, Mog, Mog, Mog, Mog – rugen los orcos ¡EN LA ESPESURA...NO TE ADENTRES! – canta la chamanesa. Mog, Mog, Mog, Mog, Mog ¡YA SE ACERCA, RECHINAN LOS DIENTES! Mog, Mog, Mog, Mog, Mog ¡CUANDO CAIGA EL SOL HABRÉIS DE HUIR...! Mog, Mog, Mog, Mog, Mog ¡SALVE WENDIGO, A MI ME HAS DE SERVIR! Mog, Mog, Mog, Mog, Mog ¡¡GARRA Y PELO!! – La chamanesa quema ante una gran pira las pieles de grandes bestias. Mog, Mog, Mog, Mog, Mog ¡¡DE UN NICHO SIN SUELO!! – Cenizas de los últimos guerreros del clan caídos en combate son alzadas en un cuenco y el viento las arroja al interior del bosque. Mog, Mog, Mog, Mog, Mog ¡¡DIENTES ROJOS!! – Los colmillos de dos licantropos son machacados a mazazos y se arrojan al mortero. Mog, Mog, Mog, Mog, Mog ¡¡SANGRE Y DESPOJOS!! – Los corazones a medio masticar de los humanos son escupidos sobre el mortero y se mezclan con sangre de goblins recién nacidos. El contenido se ofrece al Gran Tótem y con una libación la chamanesa apura su contenido. ¡MOG, MOG, MOG, MOG, MOG! – El griterío se hace más frenético ¡EL WENDIGO SABE QUE ESTAMOS AQUÍ! ¡¡MOG, MOG, MOG, MOG, MOG!! ¡ENEMIGOS DEL CLAN HABRÉIS DE HUIR! ¡¡¡MOG, MOG, MOG, MOG, MOG!!! ¡NI UNA NOCHE MÁS VAIS A VIVIR! ¡¡¡¡MOG, MOG, MOG, MOG, MOG!!!! ¡¡¡TORTURA, DOLOR!!! ¡¡¡GRITOS, CLAMOR!!! ¡¡¡VUESTRA CORDURA, EN EL POTRO!! ¡¡¡EL WENDIGO VA A POR VOSOTROS!!! Gritos. Miles de gritos. Todos los frenéticos danzantes del ritual caen al suelo dando alaridos y sujetando sus cabezas. No pueden aguantar el dolor, no pueden sujetar sus mentes, sus corazones no pueden soportarlo más. Todos mueren, menos la Reina Glaurg. Silencio. El silencio más aterrador que se pueda imaginar… Y después sólo el sonido de unas pisadas y una palabra, gritada por un centenar de voces desgarradas, golpeando cada madriguera, cada árbol hueco, cada pesadilla: ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡WeEeEeEeEeEeEeEeEeEeEeNDIGOoOoOoOoOoOoOoOoO!!!!!!!!!!!!!! |
| El Señor Dragón, Sir Saulk Blaugir |
| En revisión... |
| La balada del Wendigo |
| En una aldea Ofheim, las madres tratan de hacer olvidar a sus hijos las penurias de la guerra contándoles leyendas. -Mamá, no quiero ir a dormir- -¿No? ¿Por qué?- -Quiero esperar a padre despierto.- -Ah..-repuso la abnegada mujer, y esbozó una leve sonrisa que iluminó momentáneamente el rostro envejecido por el dolor, el pesado trabajo y la angustia de que cualquier día su marido podría no regresar a casa...o regresar muerto. No quiso seguir pensando en ello, así que decidió cantar a su retoño una nana de miedo, para que prefiriese irse a acostarse que esperar que de entre las tinieblas nocturnas emergiese su progenitor. -¿Sabes lo que puede salir de las sombras de la noche y de lo más negro del bosque?- -¡Un bastardo turiel!-gritó el muchacho, y apretó los puños. -No.. Algo peor. El Wendigo.- -¿Qué es, mamá?- -Te lo contaré si te acuestas. Yo esperaré a tu padre.- "En la espesura...no te adentres o te dará posada en el vientre A correr, a correr, a correr... que el Wendigo te va a comer Garra y pelo de nicho sin suelo dientes rojos, sangre y despojos El Wendigo sabe que estás aquí ¡y ya viene a por ti, y YA viene a por ti!" |
| FIN |
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